A la ciudad de Arévalo

Bastión que entre dos ríos moras,
altura en la llanura tu tremolas
con las veletas de tus torres esbeltas,
que se yerguen altivas y radiantes
a los nítidos rayos de la aurora.

Ciudad vetusta añeja y eterna,
que arevacos, celtas, cartagineses y romanos
todos juntos vivieron como hermanos,
en los reductos seculares de tu historia
que hoy se muestran nítidos y ufanos.

Mantente erguida Ciudad milenaria,
y eleva a los Cielos tu humilde plegaria,
para que el tiempo respete clemente l
a gloria y estilo que adornan tu faz,
en esta planicie de soles ardientes.

Arévalo recio; bravío y austero,
que impones tu Ley y tu noble fuero
cuando se penetra por tus calles,
cuando piadoso te adentras en sus templos,
cuando interesado ves sus monumentos.

Se denota tu estilo y tu forma,
el tiempo y costumbres en ti no deforman
lo que fue peculiar y arraigado,
conservando altivo y orgulloso
los valores que a ti te dejaron.

Ciudad hoy moderna y con pulso
que vibras al paso que la vida uso,
que no retrocede en su justo empeño
en ser portadora de valores sagrados,
que así seguirán por otros milenios.

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