Me partí en húmedas albas
y el sudor cuidaba un pájaro caliente,
con victoria en el pico, con anhelo.
Las cigarras montaban imaginarias
de siesta y de cortejo.
Y las ranas, planas en la hierba,
hilaban sus bemoles trompicados
en dos metros de charca.
Mi Julio fue siempre emocionante,
fue dintel, abanico, fuerza y logro.
Julio distinto
y diferente yo, por más completo,
y por que tantas cosas eran sueños.
De fe y de zarza procuraba
mi dosis enraizada, mi lujuria
de sol, resina y humo.
Mi espalda era el dolor más jubiloso
en las sufridas colinas,
y era todo de amapolas y vientos,
y a los majuelos alcanzó mi llama
en las húmedas albas desde Julio,
desde todos los Julios, casi bellos.
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