Cuando siente el corazón
la razón queda mermada,
la inteligencia atrofiada,
y el consejo en aflicción.
No hay fuerza que se interponga
a sus latidos briosos,
si suspiros amorosos
a sus confines le rondan.
No atiende lógica alguna
ni quiere tener memoria,
no siente más que discordia
de quien difiere en su postura.
Cuando siente el corazón
y lo hace con nobleza,
nunca habrá la menor queja
de la humana condición.
Es lo más sublime y bello,
es lo más santo y piadoso
que siente siempre amoroso
latiendo sólo por ello.
Por ese amor sublimado,
por esa tierna caricia,
por esa real impericia
que padece cada humano.
Por eso la realidad
tan fría y calculadora,
al corazón no le adora,
prefiere la mezquindad.
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