Creo que no es el momento
de dar ánimos vacíos,
de repetir frases hechas,
de dar a la vida sentido.
La vida nos va enseñando,
para eso hemos nacido.
Si no se aprende viviendo,
¿para qué hemos venido?
Cada momento que vives
es el aire absorbido,
la vida nos lo demanda,
y se transforma en suspiros.
Cada suspiro que damos
para adentro es nuestro grito.
Oye tus gritos ahogados,
aliviarán tus sentidos.
Encuentra palabras sabias
para quien herirte ha podido.
Que retumben en su mente
después de haberlas oído.
Que sea él quien reflexione,
que también esté dolido.
Que no sólo sean tus penas,
que el dolor sea compartido.
Proclama tus ilusiones,
no necesitas dar gritos.
Derrámalas en tus páginas
y el tiempo será testigo.
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