Mírame

Mírame, lenta niebla,
la mañana está quieta
y la loma iluminada.
Aún no dobla su cerviz
la vieja encina,
eremita de grises consonancias,
y los pinos, milicia
del oxígeno humano,
rotando los rayos
sobre el húmedo musgo.
Miradme más despacio
y que mis ojos encuentren
el diálogo.
La mañana se arropa de secretos,
desperezándose
con lágrimas tibias.
Mírame, anciana tierra
de guijarros y fuego.
Migaja de pan roído
renacerá en tu gesto,
reverente de cruz y sentimiento.
Mírame, mientras sufren
los brotes y los sueños.

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