totalmente compungido
al ver a los pies
a tu amado Hijo.
Un hilo de sangre
mana de su costado
a causa de la lanzada
por el centurión romano.
El eco de su vozsientes muy dentro,
esa dulzura encandilando
a quien escucha al Maestro.
Un manto bordado
con filigranas de oro
te embellece, Madre,
a pesar del dolor
en tu marcado rostro.
Cruentas imágenes
permanecen en tu mente:
burlas, humillaciones,
latigazos hacia la muerte.
En actitud de súplica
las manos entrelazadas,
siete puñales atraviesan
tu corazón humilde
recordando esa angustia profetizada.
Mª Luisa Calvo Martín
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